Queridos hermanos
Como Hermano Mayor, me dirijo a vosotros con profundo agradecimiento y emoción. Nuestra Hermandad se sostiene gracias a la fe, el esfuerzo y la entrega generosa de tantos hermanos que, a lo largo del tiempo, han sabido custodiar y engrandecer este legado que hoy recibimos con responsabilidad y orgullo.
Muy especialmente, somos una Hermandad marcada por la gran devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno, faro y consuelo de nuestro pueblo, guía de nuestras vidas y refugio en los momentos de dificultad. Su mirada y su ejemplo nos llaman cada día a caminar con humildad, paciencia y amor al prójimo, recordándonos que el verdadero sentido de nuestra Hermandad está en el servicio y en la fe vivida con coherencia.
Os animo a seguir caminando unidos, fortaleciendo los lazos de fraternidad y manteniendo siempre viva esa devoción sincera que nos identifica. Que cada acto, cada estación y cada encuentro sean expresión de nuestro compromiso cristiano y de nuestro amor a Jesús Nazareno.
Pidamos al Señor que nos conceda sabiduría para acertar, fortaleza para perseverar y un corazón dispuesto a servir siempre a los demás. Que la unión entre hermanos y la devoción a Nuestro Padre sigan siendo la mayor riqueza de nuestra Hermandad.
Recibid un fraternal y afectuoso abrazo.
El Hermano Mayor